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RESEÑAS III

 EL DESVÁN DE LA MEMORIA

  Mª Carmen Rodríguez López

  EL BOLETÍN (2914)

  El Puerto de Santa María

 Precedido de pensamientos de autores clásicos, una introducción de la autora, un prólogo del profesor de Teoría Literaria de la Universidad de Cádiz José Antonio Hernández Guerrero y un capítulo de agradecimientos de la misma autora, así como unas dedicatorias, los pensamientos se van sucediendo en un primer bloque de 600, en forma de dos líneas, una segunda parte titulada “El tiempo entre mis manos” y otra final que lleva por título “Otros pensamientos más extensos”.Tanto en Occidente como en Oriente, la tradición aforística ha tenido autores renombrados, desde Lao—Tzé y Confucio en China, hasta los Presocráticos en Grecia y Séneca en Roma, si nos atenemos nada más que al mundo clásico. No es nada fácil condensar en dos o tres líneas una idea que ha de tener una aquiescencia universal, y es que no hay pensamientos con marchamo de aforismo que sea subjetivo, sino, todo lo contrario, ha de presentar una validez que convenza a todos los individuos, incluso de civilizaciones distintas, incluso a gentes de diferentes épocas. Para ello la literatura gnómica se vale de la concisión. La economía verbal ha de ser rigurosa. Un pensamiento largo puede parecer que traspone el límite de lo preciso y entonces no satisface al buen degustador de la sentencia; de ahí que la justeza sea la divisa de ese género literario colindante con la filosofía, pero no confundido con él.

Si nos preguntamos sobre qué temas versan los pensamientos de la autora de El desván de la memoria, diríamos que sobre la índole humana, que es también un campo abonado para ese tipo de discurrir por medio de la palabra:

Dicen que la vida es muy injusta,

pero es el hombre quien no hace justicia en ella.

El único derecho humano que se cumple:

el que todo hombre tiene a expresar sus lágrimas.

Sé feliz mientras puedas,

que las desgracias nunca llaman a la puerta.

Los peores momentos de la vida

son los que nos vuelven más humanos.

Sufrir por lo que no se puede evitar,

hace que la vida sea doblemente dura.

La vida suele ser el fruto

de lo que sembramos en el pasado.

Hay que valorar a las personas por lo mejor que tienen; 

así cerraremos los ojos a lo que les falta.

La vida se divide entre el bien y el mal:

el amor y la destrucción van siempre juntos.

No hay nada más hermoso que la sonrisa

de un niño; pero cuando crece y sigue viéndolo

hay que ponerle freno a la inocencia.

 He aquí una muestra de esos pensamientos que hablan de la sensibilidad de la autora y, como dice el profesor Hernández Guerrero, es “Una amable invitación para que reflexionemos serenamente sobre nuestro mundo…”. De hecho, María del Carmen Rodríguez no hace otra cosa que trasladar a la palabra sus reflexiones acerca de la índole  humana tanto en el orden social como en el íntimo, concibiendo el libro, como dice el profesor Hernández Guerrero, bajo la forma literaria de un “cuaderno de notas donde se recogen observaciones y bocetos sobre temas muy diversos”, recordando los consejos, a modo de proverbios, de Antonio Machado, como recuerda el citado profesor y que ella sintetiza así:

 

           No huyas del fuego que te que

           y te escondas en la solidaridad con otros

           Pon primero en orden la hoguera de tu casa.

El desván de la memoria es un libro que nos despierta pensamientos propios que quizás olvidamos en el tumulto de las cosas diarias. Y con repensarlos nos da la posibilidad de meditar sobre sus motivos, tan de la vida de cada día. La autora condensa en estos pensamientos una jugosa experiencia de la vida que la mayoría de la gente descuida y muy pocos son los que hacen honor a esa experiencia y la visten de gala con una escritura sencilla y a la vez profunda como ésta. Sus compañeras y compañeros de la tertulia Río Arillo nos sentimos dichosos de que una de sus miembros deje a los que leyeren esta riqueza de sensibilidad  enriquecida por la experiencia en forma de lenguaje.

LA MESA ITALIANA

 Víctor Jiménez

Renacimiento, Sevilla, 2015

 Me llega una nueva entrega del poeta sevillano Víctor Jiménez (n. 1957), editada por la editorial sevillana Renacimiento. El libro comienza con una introducción de Juan Lamillar, se inicia con un soneto, a modo de presentación de lo que se va a desarrollar y luego sigue con cuatro partes, la última rematada con unas dedicatorias. El poeta explica el título de mesa italiana: “Una mesa italiana es, en teatro y por extensión cine y televisión, una lectura conjunta con todo el reparto de un guión”.

En otras ocasiones hemos comentado en esta misma columna otros libros de poesía del mismo autor, tales como Taberna inglesa, El tiempo entre los labios y Al pie de la letra.

En todos ellos, con ligeras diferencias en los temas, hemos considerado una polimetría en los poemas —sonetos con endecasílabos y otros sonetos de arte menor, endecasílabos blancos y algún poema asonantado, así como versos alejandrinos— y una experiencia vital, incluso de cada día en sus contenidos. Ya en el primer poema —un soneto— el autor explica lo del reparto como un simbolismo de la vida:”He aquí, por fin, sentados los actores/contigo alrededor de la gran mesa./Todos con un papel en su alma impresa./Presentes todos aunque los valores,/los atiendas sin más o los ignores./El niño aquel con cara de sorpresa,/el muchacho y la joven que lo besa/por vez primera aquellos desamores,/el hombre de hoy, su sombra de mañana/la mujer que lo espera en la ventana/y aquella otra que emprendió la huida./Sólo el reparto, apenas  unos pocos,/para leer, sin cámara ni fotos,/el guión inacabado de la vida”.

Se puede decir que, a partir de este soneto, se van desovillando las circunstancias de la vida. La poesía de la experiencia tiene aquí un predio de emociones registradas tanto en la casa como en la calle. Ya lo anuncia Juan lamillar en el prólogo, que el libro es como “un documental poético, que parte de un tiempo, la infancia, y de un lugar, el barrio sevillano, ya perdidos en la niebla: juegos, costumbres, imágenes veneradas, vecinos que tuvieron que marcharse…”

El poeta es, pues, un testigo de la vida que lo circunda con la caravana que pasa, como diría Rubén Darío. Un testigo del dolor y la alegría de los demás, a veces por encima de su propia experiencia como ciudadano; experiencia diaria que no por ello cae en lo narrativo, sino que está aireado con un aliento de metapoesía, de una atmósfera de autenticidad que es propia de un poeta maduro como se observa en el poema “Otoño tardío”, en verso alejandrino asonantado con la misma rima o-o, con cierta resonancia de poema épico: “Hoy se ha puesto diciembre, oscuro y misterioso,/para esquivar la sombra que viene por nosotros/y ponerse a resguardo de este frío tan hondo/ a la lumbre de un cuerpo deseado y hermoso./Y pararse a mirar, serenamente, cómo/ resplandece la vida  a la luz de unos ojos”.

 A pesar del cruce de circunstancias desfavorables de la vida, el guión es inevitable hasta el punto de que son todos los actores uno mismo o, como dice Juan Lamillar “escuchar el guión de nuestra vida mirando expectantes al director a ver cómo va a repartir los papeles de la película”.

Felicitamos al poeta sevillano por esta nueva entrega en la que la poesía de la experiencia —al fin y al cabo, la que subyace siempre victoriosa debajo de todas las modas— continúa la tradición poética como un eslabón de lo que permanece a fuerza de sinceridad.

 

 

 

  EL  ÍDOLO,  UNA PUBLICACIÓN EFÍMERA

 

       A la memoria de Antonio G.M. y Germán C. R., siempre en mis referencias acerca de las inquietudes literarias de aquellos años de mis comienzos. Con gratitud y afecto.

Allá por el año 1964, Antonio González Muñoz y Germán Caos Roldán ponen en movimiento en La Isla de San Fernando una incipiente colección de libros de relatos y poesía de autores isleños. La colección se llamaba Dos Amigos, en un formato de 15 x 12,5, con una típica cañaílla en la portada, que es obra, como el logotipo, de Luis Cano Trigo.

La edición se hacía gracias al apoyo del ayuntamiento de esta ciudad y al visto bueno de la Real Academia de San Romualdo. En la contraportada del segundo número se anunciaba dos futuras publicaciones.

La primera entrega El ídolo, de Antonio González Muñoz, es de un solo relato, pero lleva un prólogo del autor en el que pone de manifiesto las dificultades de publicación en las grandes editoriales y las inquietudes de aquél para llevar a cabo una empresa que con los medios de entonces se podía considerar heroica. En dicho prólogo se alienta también a los escritores isleños  en la esperanza de que las ediciones se sucedan. Una tercera estaba anunciada con el título de Canto al mar y otros poemas, de Gabriel González Camoyano y la cuarta, Naciente herida, de Juan Mena, ambas previstas para 1965.

Pero no fue así. Una vez publicada la segunda entrega titulada Cuatro cuentos de hombre, de Germán Caos, la colección fenecía, ya que no pudo autofinanciarse el tercer número con la venta del segundo. Con ello desaparecía la posibilidad —insólita posibilidad— de que los demás escritores que aguardaban turno viesen realizado ese sueño verdaderamente mágico de ver editados sus trabajos literarios.

Hoy, a los cincuenta años de aquel embrión editorial, de aquel fausto nacimiento y de la prematura muerte de tan preciosa criatura, la Colección Dos Amigos, quitado el polvo del tiempo de sobre sus portadas, como acontece con todo libro, es evocada en esta columna como un hermoso intento de sobrenadar en unas aguas que nunca han sido favorables para los asuntos de la imaginación (en La Isla y en muchas partes más).

Sin embargo, hay que reconocer ese espíritu de emprendimiento de Antonio González y Germán Caos y el apoyo del ayuntamiento de entonces. Cuando se haga la historia de las publicaciones en San Fernando no hay que olvidar que la Colección Dos Amigos, con una cañaílla de sobrios trazos en la portada y un digno contenido literario, tiene un lugar meritorio, a pesar de su modesta factura, debido, sobre todo, a un anhelo de plantar en la tierra cultural de nuestro pueblo un árbol de inquietudes e ilusiones que hubiese crecido y expansionado sus brazos igual que una araucaria.   

 

BREVE SEMBLANZA

ANTONIO GONZÁLEZ MUÑOZ (1936-2000) fue maestro nacional y desde muy joven tuvo inquietudes literarias que se concretaron en la iniciativa de la Colección Dos amigos, fundada con Germán Caos R.,  sufragada por el ayuntamiento de San Fernando en 1964. En ella editó su relato El ídolo.

En Conil de la Frontera fundó la Librería y editorial La Cañaílla, que durante algunos años regentó hasta su traslado profesional a Cádiz. El que suscribe estas líneas entró a principios de los sesenta en el mundo de la lectura de la poesía gracias a su generosa biblioteca cuando Antonio, de soltero aún, vivía en la isleña calle Velázquez, dentro del barrio de la Iglesia Mayor.

 

FLUENCIA & DESPEDIDA

Ricardo Bermejo Álvarez

XX Premio de Poesía Ayuntamiento de Rincón de la Victoria. Málaga 2013

Traer a la página los méritos felizmente reconocidos con importantes premios de Ricardo Bermejo sería ocioso. Para ello tenemos las entradas de internet, que nos los muestran. Por lo contrario, hemos de situar su poesía en un determinado contexto histórico generacional y, a partir de ahí, señalar unas valoraciones.

Por fecha de nacimiento (Fuente de Cantos, Badajoz, 1961) se ha de situar al poeta en la llamada generación de los Postnovísimos, suponiendo que él acepte tal encasillamiento cronológico. Pero, aunque se muestre reacio a aceptarlo, se ha de tener en cuenta los siguientes supuestos.

Los Novísimos rompieron con  la poesía social y con el lema de Celaya concerniente a que la poesía es un arma cargada de futuro. Esta ruptura y la vista vuelta hacia patrones más allá de la tradición española, abrieron los horizontes de la poesía española y la enriquecieron sin  duda. Pero uno de esos filones estaba en un pedazo de oro lingüístico consistente en el lenguaje poético. Ahora bien, no olvidemos que ese anhelo de oxigenar el verso y sacarlo de sus frases hechas ya tenía un antecedente en el Postismo de Ory y Chicharro y la poesía temprana de Ángel García López, por poner un ejemplo, a quien la crítica insertó en la llamada “Generación del lenguaje”. Los Novísimos intensificaron esta vía de escape a la imaginación y que su conjunto de nuevos mitos no se parezca en nada—a ser posible— con las referencias de los poetas de pasadas generaciones, obsesionadas con el tema, con el significado, como diría Dámaso Alonso, por oposición al significante. No importa ahora que se sucedan las disputas —Villena, Tusón, Debicki, García Martín, por poner ejemplos— sobre si los Postnovísimos se desmarcaron de la poesía abierta a lo extranjero de los Novísimos y retornaron a lo tradicional, más o menos mitigado, y al intimismo. Pero ni unos ni otros han mostrado una especial preocupación por el lenguaje poético, entendiendo por esto huir de las expresiones, si no redichas, sí irrelevantes o planas, empeñadas en describir o narrar experiencias tampoco nada seductoras.

 ¿Por qué esta larga introducción? Porque Ricardo Bermejo ha sido un digno heredero tanto de la tradición como del despegue del lenguaje poético hacia rasgos extrañadores que hacen que su poesía sea “diferente” dentro de su marco generacional. Pero todo ello sin pretensión de crearse “un estilo”. Es decir, desde sus primeros libros fue consciente de que el lenguaje poético nada tiene que ver con los supuestos ideológicos de una generación. Sin embargo, me resulta doloroso decir que ni Novísimos ni Postnovísimos caben en la definición de la poesía que dijo Leconte de Lisle: “Sólo hay poesía en el deseo de lo imposible y en el dolor de lo irreparable.” Sólo entran en el alma del lector aquellos poemas que son universales, que implican a quienes los leen por su afinidad de experiencia. Lo demás, pasa al olvido, al borrado del disco duro de la memoria literaria.

 Pero vayamos al libro que nos concierne ahora. fluencia & despedida ha sido XXI Premio de Poesía Ayuntamiento Rincón de la Victoria, Málaga, 2013.El poemario consta de dieciséis poemas y precisamente el penúltimo le da título al conjunto. Decíamos al principio que entraba en la valoración de un libro insertarlo en una tendencia o bien en un marco generacional.

 En este poemario, como en otros suyos anteriores, el autor se ha echado un pulso con el lenguaje poético y logra crearse un idiolecto donde está presente la transgresión del verso que en otros poetas es todavía cartesiano y dentro de una lógica que no pasa de lo convencional. Bermejo procura, como propugna el estilista ruso Shklovski, que el verso pase del automatismo a una lectura sorprendente; del desgaste semántico, a la frescura de motivaciones. Escribir poesía para él no es repetir los modelos (en este caso de los Postnovísimos más encopetados por la crítica), sino que sale campo a traviesa de la expresividad y nos sugiere caminos  nuevos en la invención poética en cuanto a lenguaje se refiere. Vemos estos versos de “Singladuras sonámbulas”: “La sal del horizonte —contra los acantilados del límite/o abrazada a la orilla donde transbordan las distancias/ las distintas materias de su bagaje idéntico—/hizo que el mar partiera con sed hacia el instante/de recibir un sueño su transfusión de estrellas/ […] Y ahora este cielo a pique con su añilado abismo itinerante; ahora este polizón que burbujea en la memoria/dándose un aire a mí, mientras espero el silbo/ de las vulneraciones y el ademán recóndito,/con que lunas y olas reanudan su viaje./ Nómada imaginario mi corazón —en pos de mis asuntos— cuenta estrellas y sílabas, mide el silencio de la luz./Y no es tarde ni en vano soñar y ser aquí,/ vislumbrar y decir el fulgor y el estrépito,/el naufragio y el frío, la intemperie y las vértebras…”

 En cuanto al contenido del poemario como tema, tratándose de poesía, no podemos abordarlo como si fuera una novela. Un libro de poemas no persigue una unidad temática. Sino que es un conjunto de poemas que se van sucediendo en los que el poeta valora experiencias aisladas con un común denominador: darles forma verbal a los fantasmas de su conciencia que van y vienen por el firmamento de su imaginación como meteoros. La crítica a un libro de poemas no es fácil, más aún si, como en el caso de Ricardo Bermejo, su idiolecto transgresor pone a prueba la madurez de los lectores de poesía en cuanto a lenguaje se refiere.Como en otros libros del poeta extremeño afincado en la Isla de San Fernando, hemos concluir confirmando lo que dije más arriba,  que su verso crea, además de contar, y que los premios que se le han concedido no obedecen a un buen azar, sino a un buen hacer, entendiendo por esto, que tal vez sin haber leído a Vixtor Shklovski. (“El arte es un medio de experimentar el devenir del objeto: lo que ya está “realizado” no interesa para el arte".), él logra darle al verso una frescura semántica que en los poetas de su generación está ausente: “Van a dar en la voz/las encendidas sombras del poema,/el hielo en llamas con que la memoria/contamina los puros/silencio de los pozos/ni artesianos ni ciegos de la sed.”. 

DESDE MI LADO HUMANO

Carmen Navarrete

Publicaciones del Sur, 2015

 

Gustavo Adolfo Bécquer hacía un comentario de la poesía distinguiendo una clase de poesía de otra que describía así. “Hay otra natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre…”.

Creo que ésa es la poesía que tengo ante mis ojos, contenida que está en el nuevo libro de poemas editado por Carmen Navarrete y aparecido en Publicaciones del Sur. Su título es ya de por sí muy sugerente: Desde mi lado humano.

Versos desnudos, ligeros como sigilosos meandros que recorriesen las páginas deteniendo al lector en sus sugerencias, ya que es una poesía que sugiere más que explica:“Déjame que en ti me busque,/que en ti me crezca, que en ti me nombre”. Los poemas más extensos también piden del lector una colaboración, no para ser entendidos, sino para ser participados:”he salido a la luz que da la vida,/me ha despeinado el aire,/me he pintado la frente/con el color azul que abre el mundo./Y como un cisne, al fondo de un estanque,/sólo he visto magnolias de silencio”.

La autora entremete versos medidos con versos libres como si con ello compaginara el respeto a la realidad con la imaginación que libera por medio de expresiones surrealistas sin  llegar a la estridencia de las imágenes.

Compuesto por sesenta y ocho breves poemas y prologado por el poeta y profesor Ramón Luque Sánchez, esta entrega de Carmen Navarrete, la tercera de la autora junto con Razón de ser y Pasito a pasito, es una prueba de su madurez poética.

Como dice el prologuista, que hace un estudio del libro a manera de lúcida disección y lo resume con estas palabras:”…configura así un poemario cambiante y pródigo de sensaciones, y sólo con el objetivo de enfrentarnos a nuestro propio desasosiego y arrojar luz sobre él”.  Juicio que yo hago mío y que nos revela la dimensión de un alma transparente a través de la cual vemos un ir y venir de la propia conciencia al mundo del entorno dándonos lo mejor de su experiencia humana, como nos refleja en estos versos del poema “Calle porque la noche me persigue”:

 

Callo porque la noche me persigue,

porque los sueños se alimentan de otros sueños

y porque es el silencio el que me duele.

Sólo hay que despertar por la mañana

Con la esperanza puesta.

 

Desde la soledad.

Desde la soledad oigo a los pájaros

y ese sonido lento de las voces,

en el ir y el venir por la morada tarde,

donde la muerte espera

allá donde el silencio.

Taciturnos y suaves fluyen los versos de este poemario de Carmen Navarrete con una madurez humana que ya había arrancado en Razón de ser. Como dice Ramón Luque, “Su subconsciente se manifiesta a través de un bucólico entramado de sensaciones que buscan mostrar las heridas de nuestra sociedad”:

 

ANTOLOGÍA SOBRE RAFAEL ALBERTI

Fundación El Monte y Consejería de Educación (1999)

Enrique Montiel

Con el título de Poesía e Historia. Antología, nuestro paisano el escritor Enrique Montiel ha editado con introducción y selección propias un nuevo florilegio -como decían los antólogos del Siglo de Oro- del poeta portuense.

Mientras que en otras ediciones, otros estudiosos han procedido a la vieja usanza del análisis literario minucioso y profesoral con notas al pie de página, Enrique Montiel ha preferido un peregrinaje por la vida del poeta, tan movida después de la guerra civil, destacando con esa andadura la aparición de cada uno de esa treinta de libros poéticos (deja al margen el resto de la obra albertiana, aunque da fe de ella en la introducción) desde Marinero en Tierra, conseguía, mano a mano con Gerardo Diego, el Premio Nacional de Literatura en 1925, con jurado en el que figura, entre otros, Antonio Machado.

Pero vayamos al estilo de entrar Enrique Montiel en este trabajo. Decíamos que los antólogos suelen ser hombres fríos a la hora de seleccionar con muchas reservas los poemas de quienes va a incluir, con un estudio pormenorizado, en una antología. En el caso de un solo poeta la tarea es más fácil aparentemente.

Enrique Montiel se ha desentendido, aunque no menospreciado, de todo el aparato filológico que conlleva semejante quehacer literaria. Con olfato poético infalible y emocional, el introductor ha elegido aquellos poemas que mejor identifican al Alberti que ya conocemos y que por medio de esta obra de nuevo se nos presenta, gracias a la Junta de Andalucía, Consejería de Educación y Ciencia en colaboración con la Fundación El Monte.

A LA IZQUIERDA DEL PADRE

José Carlos Fernández Moreno

Grupo Publicaciones del Sur, 1999

San Fernando (Cádiz)

En agosto de 1994 José Carlos Fernández presentaba su primera novela, Clase media, con prólogo de Manuel Barrios y editada por Ispren, que tuvo una cálida y multitudinaria acogida por parte del público; concretamente, su puesta en conocimiento público en el Castillo de San Romualdo fue un éxito inolvidable, estando a cargo de dicha presentación el poeta de Arcos Antonio Hernández.

En la reseña a la mencionada novela, el autor de estas líneas le daba la bienvenida como entrega prometedora de futuras y, lógicamente, por razones de oficio, más granadas creaciones de este subgénero -el más difícil y retador hoy en Literatura- que llamamos novela.

Hoy, cinco años después, la futura entrega se cumple con otra novela, A la izquierda del padre. Mientras que en la primera es un barrio el protagonista, en la segunda son unos personajes, concretamente Ramón Alcántara y Su hija Tobala, como los más relevantes. Clase media está ambientada en La Isla y la otra en Cádiz; aquélla es lineal en el tiempo y ésta emplea la técnica narrativa del flash-back o Salto atrás, es decir, que el autor arranca su relato desde el presente pero se desplaza al pasado con frecuentes evocaciones; en ambas novelas la actitud del narrador es omnisciente, o sea maneja a los personajes y conoce todo el devenir de los hechos, procedimiento éste muy tradicional, así como el color del lenguaje: un voluntario entintamiento social, muy propio. sin embargo, de la novela de los cincuenta, en que el realismo no permite el triunfo de las improntas sensoriales.

Así pues José Carlos Fernández, en esta segunda novela trabaja con dos elementos que corresponden a dos generaciones de narradores; con la narración objetiva es fiel a los narradores de la novela impregnada de una atmósfera de lo social; con el retroceso en el tiempo desde un presente analítico entra en uno de los procedimientos llamados de la literatura de vanguardia, si bien, cuando leemos detenidamente A la izquierda del padre observamos que el narrador se codea en ocasiones con el protagonista indudable de la obra -Ramón Alcántara- y amenaza con robarle relevancia, pero no ocurre así afortunadamente, ya que Ramón, el padre de Josela y Tobala, tiene una presencia poderosa que se impone al esfuerzo del narrador por presentarnos las dimensiones del mundo en que se mueven los personajes.

Es mérito indiscutible el del autor, que en Ramón Alcántara ha conseguido una pintura que no puede pasar desapercibida al lector como la del otro personaje destacado de la novela, Tobala; uno y otra atraen el interés desde el principio y logran, juntamente con el recurso del suspense acerca de quién será el novio que tiene que venir a desposar a Tobala en la iglesia de San Francisco; este aspecto, hábilmente conducido, dota a la narración de una como pesquisa policíaca en un tramo final que como un círculo se cierra entre el principio y el fin de una novela en la que Cádiz, el Cádiz de entre los años diez y cuarenta aparece como telón de fondo y con un involuntario trazo socio político. Mientras que en la primera novela, como ya la expusimos, el autor consigue aglutinar en un variado fresco las incidencias de un barrio, en esta segunda salta a la vista la pintura de personajes, el retrato, sobre todo de Ramón Alcántara, verdadero hilo conductor de lo que en otra época se llamaba el argumento. José Carlos Fernández da un paso adelante en su experiencia narrativa y logra retener la atención del lector menudeando en la complicada psicología del protagonista de su obra y con él su retorno humano y urbano, a partir de una situación expectante, como es la de una novia con su padre en la puerta de una iglesia esperando al novio, imagen que también ha reproducido Alfonso Berraquero en la portada del libro, que a su vez es muestra del buen quehacer editorial de imprenta La Isla.

Aunque el público lector isleño no se pueda identificar con ella como ocurrió con Clase media, debido a su ubicación en el barrio de La Pastora, A la izquierda del padre ofrece el logro del diseño de unos personajes, valor esencial, a mi entender, de esta novela, y que como el retrato en pintura es un reto para todo narrador. Reto que José Carlos Fernández ha superado, sin duda.

DIOS ENTRE MIS MANOS

Antonio Bocanegra

Editorial Monte Carmelo

Burgos, 2015

 

Antonio Bocanegra, además de haber sido docente universitario de lengua inglesa, y antes catedrático de Filología Moderna en un instituto y doctor en su especialidad, también ha tenido tiempo para dar a luz de la imprenta varios libros de poesía, tales como Ronda y los poemas de súbita invasión (1980), Lógica de nieblas (1982), Premio Diputación de Granada, Ficciones de coplas de amor y mar(1997), así como otras obras en prosa como El testamento de Sara Cárdenas, premiado en la Feria del Libro de San Fernando en 2000, y Juan Ramón Jiménez y yo. Memoria y Ensoñaciones de un burrito, galardonado con el Premio Fundación Montero Galvache, además de contar con varias obras aún inéditas.

 

Prologado por Rocío Fernández Berrocal y precedido por una cita de Juan Ramón Jiménez y otra  de Carlos Murciano, Dios entre mis manos es un poemario de tema religioso y de estructura polimétrica tratado con un sentimiento lírico que revela una evidente sinceridad. Consta de dos partes no muy diferenciadas pero sí afines en sus objetivos literarios. En la primera se suceden los poemas en los que el poeta habla con Dios en un monodiálogo que incluye el drama del ateísmo, las quejas, la ausencia y las presencias de Dios, la acción de gracias, el famoso silencio de Dios tan llevado y traído en la literatura existencialista de signo cristiano…

 En la segunda parte, los poemas son más variados. Incluye, lo mismo poemas de tono navideño que otros dedicados a advocaciones marianas y al Cristo del Perdón y al Ecce-Homo, en concreto.

En cuanto a la forma, vemos que el autor alterna las formas métricas de arte mayor, como el soneto, con otras de arte menor y mezcla de versos endecasílabos con heptasílabos, así como otros poemas no necesariamente clasificables que se ajustan a la intención de una temática popular rayana en la Navidad. 

El estilo de este poemario responde a un registro tradicional en cuanto a sus recursos. De hecho, la poesía religiosa no tiene otro tratamiento que el que el poeta le da aquí en una alternativa de versos rimados y versos blancos:

 

   Enséñame, Señor, la esencia, la verdad,

   la dimensión exacta

   del hombre y de las cosas

   de este mundo, de todo cuanto alienta

   la verdad donde esté,

   el mal donde se oculte,

   la tentación donde se esconda,

   así podré evitarla…

 

Imposible —e insincero— el estilo surrealista ni  la búsqueda de la expresividad cabrían en este texto, ya que la poesía de este tema requiere un lenguaje directo, como lo hizo Blas de Otero, si bien en el poeta vasco hay un tono rebelde de vez en cuando que rompe con la poesía latréutica de los poetas de postguerra a la que sirvieron otros poetas de esas generación como Luis Felipe Vivancos, Rafael Sánchez Mazas, Leopoldo Panero, Luis Rosales, José Luis Hidalgo, Bartolomé Llorens…

 

Como dice la prologuista Rocío Fernández Berrocal, la plegaria de Antonio Bocanegra brota como un manantial puro y sereno. En efecto, no hay estridencia en la conversación íntima del poeta y Dios, sino afectiva.

 

Concluyamos diciendo que el poeta nos ofrece esta poesía religiosa en una época en la que este tema no abunda pero no por ello se ha de obviar, más aún cuando el poeta nos confiesa su fe en versos que responden con un trabajo bien hecho a la experiencia íntima insoslayable, a pesar de los tiempos vueltos de espaldas a lo trascendente. Vivencia religiosa  sincera, pensamientos profundos y un trabajo literario bien hecho es lo que sintetiza un texto con un título que parece una hipérbole pero que es una paradoja: ¿Un Dios que cabe entre las manos del hombre?  Las manos, por no decir el corazón. 

 

 A LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

 

Hay un tierno silencio en torno mío.

El alma, breve llama temblorosa,

se siente frágil flor, naciente rosa

en negra oscuridad, creciente frío.

 

Siente duda, inquietud, siente un vacío

que acrecienta la tarde sigilosa.

Con la noche que llega presurosa

las sombras darán paso al desvarío.

 

Mas contemplo Tu rostro, faz ardiente,

mirando con dulzor, con luz de cielo,

y mis ojos se quedan sosegados.

 

Cendal de amparos y de alivios fuente,

altar de mis dolencias y consuelo,

Madre y Virgen de los Desamparados.

 

PERVERSIFICACIONES

Ángel García López

Colección Melibea, Madrid, 1990

 

Galardonado con el Premio de Poesía Melibea, este poemario amoroso del poeta roteño, se nos presenta como una unidad relativamente compacta en la forma: hay un predominio de versos endecasílabos blancos–muchos de ellos perfectamente trabajados, cincelados, como dice la terminología de la preceptiva, escasos alejandrinos, cuartetos y serventesios sueltos y un soneto final. Conocida es la devoción que el poeta siente por la forma bien hecha ya como creador, ya como profesor  de Literatura, y que se palpa en toda su obra poética, recogida en dos tomos en Torre Marique Publicaciones. Madrid, 1988. Con este libro consiguió el Premio Rafael Morales, uno de los  muchos conseguidos por el autor y que acreditan su consideración en la poesía española actual.

 

Nacido en 1935, se le incardina en la segunda generación de postguerra (1955-1970). En ella, frente a poetas más endeudados con la poesía social precedente y alineados con otros que representan el llamado realismo crítico, García López “es una cascada discurriendo en medio de cauces de rara perfección”, dice Florencio Martínez Ruiz. Por los valores cromáticos, que no coloristas,  y serenamente descriptivos de su verso, enriquecido con un fondo lírico de limpia contención,  su poesçia es un claro antecedente de la búsqueda en las potencialidades del lenguaje que vino después con el fluir mayoritario de “Novísimos”, “Culturalistas” y “Neobarrocos”.

 

Perversificaciones tiene una intención lúdica que bascula más hacia el fondo que a la forma. Su tema es estrictamente amoroso, cuerda que ya había tocado el poeta en libros suyos anteriores. Pero, en este caso, imaginamos como una autobiografía ficticia al estilo del Arcipreste de Hita, el poeta canta el amor de manera desenfadada y desenvuelta, muy lejos del petrarquismo y más próximo al erotismo actual, pues ello se evidencia en alusiones y recursos tales como ”va la tarde muriéndose entre abrazos y esperma/ en la gran rosa lúbrica que al amar perpetúas”; “Cuando llegaste al ascensor se puso/ color de tu cabello el aire todo”; “…con  la que subo sudoroso al verte/ y a ahechar tu cuerpo…” ; “…ante tu oferta /de hojaldre quebradizo y pan caliente,/no haber cumplido esos sesenta años/en que se aprende a agradecer un postre”;” incluso para aquel que es tu marido/por esta vez perdonaré el engaño./ Con él acepto sólo me traiciones”; “Jamás . —¿Ni un beso más? Ni un verso más.”. Aliteración intencionada, ironías y sarcasmos,  burlas y reticencias, así como un verso —repetimos— bien cuidado hacen de este libro un poemario amoroso fuera de la tradición romántico-modernista, donde asoma un empirismo contemporáneo de corte anglosajón, como animado por el duende de D.H. Lawrence.

 

En Pervesificaciones no encontramos al poeta de raíz sureña descriptivo y de esplendor de cielo andaluz, notable exponente de la llamada “renovación del lenguaje poético”, sino una corriente muy actual de poesía erótica con afición cinematográfica, más cerca ede Ovidio, por lo que tiene de confesión sensual y convencionalmente exhibicionista, que de Catulo, ya que en ningún momento hay un matiz de desgarro amoroso. No nos extraña el erotismo de consigna, propio de la irrupción “novísima” de los 70, pues Ángel García López lo trata en un verso pulcro que vale por sí mismo.

 

UN LIBRO DE FE:  LO VERDADERO ESPERANDO

 Francisco Montero Galvache

La Morera

Alcalá de Guadaira (Sevilla),1992

 

Con un verso de Juan Ramón Jiménez titula Francisco Montero Galvache este nuevo libro de poemas editado por La Morera, de Alcalá de Guadaira, en 1992 y prologado por el poeta Luis López Anglada

 

De fervoroso sentimiento religioso, esta entrega de Montero Galvache tiene dos sonetos a manera de introducción —“Razones para buscar a Dios”—: “Seguro ya de ser cuanto ya ha sido/sólo a lumbre que a Sol nunca llegara,/ es natural que un día se acercara/el corazón a cuanto había querido.” En este cuarteto hay como un   anuncio del posterior desarrollo poemático que culmina en el segundo soneto: “Que atravesando sombras, como ríos,/iremos a la desembocadura/ en Dios, como la fe nos lo decía”.

En efecto, a continuación el poeta, en “Memoria de una búsqueda” tantea la indagación de lo Divino, recorriendo las civilizaciones en versos endecasílabos y heptasílabos blancos, combinados entre sí; Centroáfrica, Laponia, Japón, Egipto, Grecia, Roma…, son lugares llenos de una  simbología religiosa que no satisface al poeta. 

En “De la unidad que viene” tiene como tema sobre el valor de la religiosidad que le merece la ruptura europea de los siglos XVI y XVII a la que opone la Unidad.

Sigue después una serie de once sonetos a motivos de temas cristianos: “Milagros·, “Ramos”, “Comunión”, “Pasión”, “Decisiva palabra”, “La insaciable sed”, en los que el poeta lamenta, en cierto modo, la euforia orgullosa de una civilización que ciega al hombre en la materia. En la “Exhortación a la sangre” el poeta, en un hondo monólogo, intenta elevarse como buscando a Dios, empleando cuartetos blancos magníficos que, liberados del yugo de la rima, se suceden alados y profundos a la vez.

En el poema “Así que vuelve el corazón del sueño” en muy buenos cuartetos el poeta entra como en una certeza; mejor, como una visión de lo trascendente con una clara alusión a fray Luis de León. Hay en este poema como un anticipo de la paz: “ Y cuando despertó al frío y duro/bogar del tiempo regresó pensando/ el corazón que lo que allí guardaba/ era sin duda el Inmortal Seguro”.

Los cuartetos blancos de “Esperanza al último Evangelio de Pentecostés” sn de una factura impresionante por su trasfondo apocalíptico. Sigue “Para la tregua de un desconsuelo” en la que Montero Galvache lamenta el afán desalentado de conocer la luz y filosofar como sobre ella como un asunto humano.Concluye el libro con un “Cántico tomista a la Divina Blancura”, verdadero himno eucarístico que entona el poeta como un colofón a su poemario religioso, que habría que considerar como un monumento que él levanta a su fe católica, sin ambages después de una búsqueda tras cuyo fin respira como un artesano de su entusiasmo.

En toda poesía religiosa o bien mística existe el peligro de emplear un lenguaje manido y engolado. El autor de este libro esquiva ese riesgo, si bien emplea un nivel expresivo medio —no sublime y fuera de época— que tiene sus raíces más en Lope y Fray Luis de León que en San Juan de al Cruz.

Hay en algunos poemas anhelos misticismo, pero el poeta se autolimita este afán como llegando a las puertas del Misterio, acariciando su aldabón con gran humildad como si ese gesto se volviese poema incomunicable: “Toda sombra se arrodilla/ al pie de su luz sin término./ Toda desesperación / hágase en su paz sagrario./ Ningún sabor de la tierra/sabe a lo que sabe Él”.

En este libro Francisco Montero Galvache parece que no ha dejado escapar un instantáneo pero seguro  saboreo  de lo que él está en sazón de esperanza como verdadera y definitiva vida.

 

LIBROS RECUPERADOS

ESCRITURA ARRASADA

ANTONIO VALLMEG

X Premio para poetas andaluces “Ciudad de San Fernando”

HUERGA Y FIERRO, editores, 2005

Reunidos el jurado del Premio ·Ciudad de San Fernando”, Manuel Francisco Reina, Charo Fierro Madrid y el que esto suscribe, se acordó por unanimidad conceder el premio de este año al libro Escritura arrasada, del poeta granadino Antonio Vallmeg (Churriana de la Vega, 1951).

Creer que el anhelo de remozar las estructuras poéticas fenecen con la crisis del surrealismo y la rehumanización de la poesía, es un error; más aún si nos trasladamos a la poesía arraigada de la posguerra. Siempre ha habido poetas que han dado un vuelco a la poesía vigente como si la quisieran retrotraer a una especie de inocencia verbal en la que se busca frescura y un conjunto de sugerencias, aunque éstas rocen la imagen irracional.

Algo de eso hallamos en este libro de poemas breves sin ilación “argumental”, o sea, sin obedecer a un contenido que sitúe al lector por etapas de la vida. Todo lo contrario: esencialmente de estructura abierta, este poemario, con un fondo lírico en el que habla una voz de “dolorido sentir” garcilasiano, pone un toque surrealista en cada poema, como si la realidad quedase soterrada en una visión que descompone adrede el mosaico de la lectura: 

“Esa mecánica hermosísima que repara arcángeles en lo profundo del cielo,/ ese oro cruel de lo quimérico de los pájaros,/ese veneno de lo superficial de las adelfas,/o bien esa hiena que posee en su boca una magnolia”.

El poeta no nos quiere comunicar contenidos lógicos de su conciencia biográfica. Hay una renuncia voluntaria a una exposición racional de lo que vemos cotidianamente: 

“Amortajados en el agua curva / del celeste augurio donde se / rompen los álamos y se extiende / la sábana blanca del hastío”.

El formalismo poético quería que el poeta expusiese el poema como no previsto por el lector, sino todo lo contrario: que imprimiese en el interés del lector una novedad sorprendente. No sé si a los ojos de cualquier lector Vallmeg lo consigue; lo cierto es que su verso procura rehuir todas las expresiones de cliché realista para ofrecer una pintura algo insólita:

”La copa vacía donde cabe todo el cielo, / donde cabe todo el silencio, donde la pared / cohabita con el cisne, el perro y el violín, / donde los gatos hielan el corazón del ciervo”.

Lejos de cualquier mensaje de poesía social, o sencillamente intimista, el autor recurre a combinaciones donde la realidad inmediata esté ausente y por oposición, la sorpresa pueda emocionar al que lee:

“El diamante suena en la sangre del mirlo”.

La escritura de Vallmeg queda arrasada por una anhelo de presentarnos un mundo insólito, incubado por los recursos del poeta, desde luego. Lo que queda de la escritura es una sensación de un mundo ya recorrido, conocido y superado por la ambición expresiva del autor, de la que nada más que permanece la angustia de ser o no-ser en el valor entitativo de la comunicación:

“He viajado mucho por la vastedad / de la palabra, / por la jungla de asfalto del idioma. /

El iris de las lenguas antes de morir, / he conocido”.

Ante libros con lenguaje literario convencional de indudables valores líricos intimistas, el jurado se decidió por Escritura arrasada, debido a su anhelo de sensorializar el mundo íntimo hasta ofrecerlo como una pintura de trazos con atrevidas y atractivas estridencias. A mi parecer, en ocasiones una pintura del Bosco. 

Libros recuperados

Libro de estampas isleñas

José Carlos Fernández Moreno

Publicaciones del Sur 1990

 

Compuesto por un prólogo de Pedro Payán Sotomayor, una introducción del autor y treinta y dos capítulos, este libro es como un homenaje dedicado a los sitios más emblemáticos de la Isla de San Fernando. escrito en una época en que los que frisan los cincuenta años han visto desaparecer edificios que caracterizaban la calle Real; hemos dicho sitios pero también hay que incluir costumbres que alimentaban el vivir cotidiano de la entonces pequeña ciudad, si nos situamos entre los años cuarenta y sesenta.

Esas construcciones dejaron su impronta, cuando éramos niños propicios a la contemplación, en esa retina del amor a lo autóctono, a lo que formaba parte del día a día de unos transeúntes que han visto esta progresiva transformación de una arquitectura funcional alejada de lo que resultaba un cuadro homogéneo y familiar.

Capítulo a capítulo José Carlos Fernández va contando a los lectores cómo transcurría (y sigue transcurriendo en cierto modo pero con otros caracteres) la vida en colegios, calles, patios (algunos de factura modernista en sus interiores), tebeos, pregones callejeros, tiendas de ultramarinos y güichis, la necesidad del botijo, fiestas religiosas, tertulias a la fresquita, —desaparecidas hoy por la competencia de la televisión—, las radionovelas, los discos dedicados, los bailes en patios y barrios, los guateques, los puentes tan característicos del mapa de la Isla, las capillitas, la significación popular y oficial de la Patrona y de la Semana Santa de entonces, los salineros, los candrays, los cines con sus puestos ambulantes, sobre todo los cines de verano, la afición de muchos isleños a la playa de la Casería, las incipientes visitas a la playa de Camposoto, la sustitución del tranvía por el trolebús y de los entierros de carruaje por el coche, todavía de lento traslado a la iglesia y luego, tras la despedida de los acompañantes en la esquina del bar La Bahía, entonces, ya rápidamente, al cementerio, todavía rodeado de huertas, la persistencia de los cierros afiligranados con sus visillos blancos movidos por el levante en calma, cafés de tono popular (por ejemplo el 44, felizmente vivo todavía), el tipismo del Callejón Cróquer, fotógrafos callejeros, los diteros, los casinos, los emocionantes enfrentamientos del C.D. San Fernando y Cádiz C.F., expresiones de costumbres como “Ir al destino” ,”Hay ropa tendida”, el apogeo de las bicicletas, los encalijos en verano, veladas y verbenas, la feria del frío, las calles enchinadas, la Radiofononía de ayer a hoy…

Este libro, que no pretende ser historia de la Isla de San Fernando, se hace forzosamente imprescindible para el conocimiento de esos aspectos que hoy nos parecen esquemáticamente tradicionales, pero que formaron parte del devenir de nuestra ciudad, cuando ésta ya se preparaba para ensanchar su perímetro urbano por huertas, esteros y salinas, que no escapan a la evocación del autor. Una colección de fotografías ayuda a los lectores a situar la imaginación en la lejanía del tiempo y el espacio que se difumina en los textos.

José Carlos Fernández ha querido, como dice el prologuista, el profesor de la UCA Pedro Payán, fijar lo perecedero. Como explica el mismo Payán, con la lectura de este libro puede invadir la añoranza, la nostalgia a los que se sienten protagonistas de aquellos años que estas Estampas se encargan de conservar como un tesoro de imágenes y comentarios que cumplen también un cometido histórico, aunque su intención nada más —y nada menos— es la sobrevivir en la confusa y agitada memoria de estos nuevos tiempos.

Libro de lectura necesaria para información del que no vivió su contenido y de deleite —un poco doloroso a lo mejor por lo que tiene de paso del tiempo— para el que se ve en el fondo anónimo de estas páginas.

CUANDO TODO YA ES PÓSTUMO

 

Ángel García López

 

Castalia Ediciones, 2016

 

Conocemos en la Historia de la Literatura elegías de poetas a sus mujeres amadas como es el caso de Dante a Beatriz Portinari, Francesco Petrarca a Laura de Noves, Miguel Ángel a Victoria Colonna, Lope de Vega, en un soneto, a Marta de Nevares, José de Espronceda a Teresa Mancha, Federico Balart a Dolores Anza, Amado Nervo a Ana Cecilia Daillez, Antonio Machado a Leonor Izquierdo…

 

La relación que hemos citado no ha sido ociosa sino que viene a subrayar en nuestra atención de lector un tema que remueve el cimiento de la poesía lírica.

 

No vamos a citar aquí la obra poética del poeta roteño que nos ocupa en esta reseña, tan extensa como reconocida por la crítica más exigente. Ahora orientamos nuestra atención a la obra citada de nuestro autor y comentamos de ella, en las posibilidades de este espacio, lo que consideremos de representativo de su tema elegíaco.

Empecemos diciendo que el poemario está dedicado a Emilia, in memoriam, esposa del poeta, fallecida un año antes de la publicación del libro. Le sigue una página con dos citas; una de J. L. Borges y otra de V. Aleixandre. Después se van sucediendo los catorce poemas, con una particularidad, si ello se puede señar así, y es que el verso utilizado es heptasílabo que se prolonga con varios hemistiquios, más allá del verso alejandrino constituyendo estrofas al gusto del autor que las escribe.

 

Si atendemos al estilo, hemos de decir que la poesía de este poemario fluye como un río sereno, aunque en él se refleje un cielo sombrío; un río sereno con palabras que caracterizan  lo que ha sido siempre la poesía de Ángel García López: pulcritud y sobriedad en el empleo del lenguaje poético, sin extraviarse por el laberinto de las imágenes y sin renunciar por ello a la diafanidad, la luz del Sur sin aspavientos de serlo, de ahí que se le considere como un poeta que, dentro de la segunda generación de posguerra, se preocupó por elaborar una poesía más desligada de la poesía imperante con toques y resabios sociales, cuando no cargada de un realismo crítico, ya al borde de los años setenta, cuando aparecen poetas que se desvincularían del todo de una poesía como “arma cargada de futuro”, que  escribió un poeta estrictamente social como fue Gabriel Celaya. Florencio Martínez Ruiz, en la La nueva poesía española (1971) lo consideraba como un poeta definitivo (página 198).

 

Detengámonos en el tono elegíaco más patente ya que esa motivación es  la que organiza la totalidad del libro.

 

“¿Qué se hicieron tus labios, aquella luna joven qué de aquellos portentos que, a voces, las pupilas anunciaban festivos? ¿Dónde estamos ahora, infelices mortales, ambos dos ofrecidos a las depredadores, nuestros nombres grabados en la frente de un árbol?”.

 

Vemos en estos versos cómo el poeta rememora el famoso tópico medieval que empleara con tanto éxito de posteridad Jorge Manrique como es el Ubi sunt?

 

Al final, sobreviene el tono elegíaco propiamente dicho como  respuesta al Ubi sunt? Con estos desconsolados versos:

 

“Conducida a su óbito de luz nos desconoce sin que pueda salvarnos…”.

 

 

LA MOCHILA

 

Cat Maday

 

Premio Dalya para obras de Teatro Juvenil

 

Editorial DALYA, San Fernando (Cádiz), 2017

 

 

No es habitual reseñar en esta sección una obra teatral. La única que se ha reseñado aquí fue la obra de Manuel Pérez Casaux En Castilla mandamos nosotros, Premio Buero Vallejo 1985. Ahora tenemos ante nuestros ojos otra obra también premiada: La mochila, de Cat Maday (MariPino García Cabrera, natural de Gran Canaria es escritora, compositora y profesora de música), obra en dos actos. Pero hemos de subrayar bien que La mochila es el primer PREMIO INTERNACIONAL PARA OBRA DE TEATRO JUVENIL, convocado por al Editorial DALYA. Su dotación para la obra ganadora es de 3000 euros y representación pública.

 

El premio se concede a obras dirigidas al público juvenil. La obra se ha representado en Canarias (Centro Cultural de Santa Brígida, en Gran Canaria) este Viernes 7 de julio a las 20.00 horas por la compañía D’hoy Teatro, con una adaptación y puesta en escena realizada por Tito Alemán y con la participación de los actores Iván Álamo, Yesenia Quintana, Dara Jorge y Ragüel Santa Ana.

 

En esta obra se cumple el propósito de la Editorial  de cómo se realiza una visión positiva sobre la amistad de los jóvenes a lo largo de sus relaciones cotidianas. En una época de individualismo como la nuestra en la que los valores primordiales se centran en el éxito y el dinero, hemos de felicitarnos porque hay una entidad literaria que se preocupa de que la relación de los jóvenes tenga unos cauces humanos en los que se analiza con juicios racionalmente equilibrados una posición moral ante el dinero, unas reflexiones sobre la forma de vida que les proponen los adultos, así como por la riqueza de resortes emocionales y de un humanismo que fundamenta un nuevo estilo de pensar y  actuar frente a las dificultades que plantea la vida moderna.

 

En cuanto al cuerpo de la obra, hemos de tener en cuenta el anuncio de los cuatro intervinientes: Alex, Laura, Hugo y Vanessa, así como las tres voces en off

(persona mayor, persona adulta y locutor). También,

mediante unas notas, se anuncian unas variantes en las que se motivan a los participantes a introducir unas modificaciones en orden al espíritu de la creatividad sobre el tema dado, se invita a que el público participe , así como una adaptación de medios audiovisuales. En suma, un teatro muy alejado del  teatro convencional a que hemos estado acostumbrados.

 

A través de su contenido la autora  crea situaciones entre los jóvenes con una sutil estrategia para canalizar comportamientos muy propios de la juventud pero incardinados en unos valores humanos que si no se aprenden en esos años de adolescencia, difícilmente se permanecen en la madurez.

 

Así pues, el espíritu de la camaradería está presente en toda la obra y dentro de esa actitud los cuatro jóvenes, alumnos del último curso de bachillerato, se ven en unas circunstancias que ponen a prueba la amistad entre los dos sexos (Laura y Alex, con la consideración de ella hacia la orfandad de él) y, sobre todo, el hallazgo de la mochila con dinero ( que resulta ser falso), donde el sentimiento de la honradez surge, a pesar de las oscilaciones que la autora de la obra mantiene a modo de “suspense” en la vacilación de los jóvenes, que eluden las posibilidades ofertadas potenciales por ese dinero y se desarrolla con un pulso admirable, en concreto cuando Vanessa razona cómo la posesión del dinero les daría una sensación decisiva con el paso de adolescentes a adultos. También hemos de destacar cómo Laura hace ponderaciones  de cierta madurez cuando Hugo le dice que Alex la quiere, más allá de la amistad.  Podemos rastrear una ética bien configurada en las actitudes de los jóvenes en un ir haciéndose poco a poco gracias al pulso de la autora de la obra.

 

Se puede decir que La mochila fomenta la responsabilidad como situación dramática y la amistad en un ambiente de circunstancias comunes de encuentro y relación entre los jóvenes.

 

Es un acierto esta convocatoria teatral, así como la publicación de dicha obra que ha de tener resonancia en el público abierto a novedades en la representación, ya que también son dignos de valoración sus recursos novedosos de implicación de los espectadores.

La editorial Dalya abre una vía literaria, además de las ya abiertas y conocidas por el público, con esta obra de teatro, premiada y representada, en una edición impresa satisfactoria como es habitual por parte de esta editorial ubicada en el sur de España, concretamente en San Fernando (Cádiz).

 

 

EL JARDÍN DE MIS SUEÑOS

Belén Peralta

Editorial Fanes (Torrelavega, Cantabria), 2016

 

Compuesto este poemario de sesenta y seis poemas y un prólogo del profesor, escritor y poeta Javier Gallego, además de una emotiva dedicatoria y una cita poética de Rosario Sánchez Cubelo, Belén Peralta (Cádiz, 1966), recoge textos de más de una época de la vida de la autora, en concreto de entre 2007 y 2016. Su prologuista destaca “el rosa del romanticismo, el rojo más apasionado, el negro de la oscuridad, el verde la esperanza y el azul del mar de su ciudad marinera...”. y también los colores que destellan en su imaginación como atisbos de un mundo más sugerido por signos sensoriales que explicado con reflexiones.

Sin embargo, la autora va más allá de esas improntas de suaves policromías para adentrarse en su mundo de sentimientos, más allá de las sensaciones que se expresan por la ya citada variedad de colores y, como dice también el prologuista, los temas humanos se merecen una ligera reflexión sin ahondar en explicaciones filosóficas, pues el amor, que está presente en todo el poemario, es el que realmente “mueve el sol y las demás estrellas” en expresión de Dante Alighieri y también el alma de la poeta que en verso libre pero de estrofa equilibrada, va confiándole a la página su experiencia de ser viviente que, además de vivir como cualquier otro ser humano, aquilata sus vivencias en la potencialidad de la palabra escrita: “Rescátame de las ventanas oscuras, / los troncos podridos, / la pregunta sin respuesta. / Extiende tu mano y llévame presto / a los bosques de colores que soñé de niña. / Me gusta salvarme sola, / Pero hoy (precisamente hoy), / quiero, desmadejada, / que con tu palabra me ciñas, / que con tus manos me acojas, / y troques esta gravosa dejadez / por la sutileza de la liviandad. / Rescátame sin duda, / rescátame. / Necesito vivir”.

Hemos puesto una contraposición como el anverso y el reverso de una moneda. Por una parte, la alegría de los sentidos triunfales y por otra, la preocupación por las incidencias del vivir diario con alusiones a seres queridos que son provincias de su corazón, tal vez con más presencia que los ocios impresionistas de la mirada vagabunda por la superficie de las cosas, tan frecuente en la contemplación del poeta; por eso advierte su prologuista que “la mayoría de estos versos hablan del amor y del desencuentro, del erotismo y de la búsqueda de la sensualidad a través de los sentidos, pero no dejan de lado temas sociales o descripciones de escenarios cotidianos”.

Después del último poema dedicado a su hija Laura como un aliento inacabado, un capítulo de agradecimientos cierra este libro que la Editorial Fanes ha tenido a bien publicar con una presencia de gran atractivo por su formato y portada.

 

TATOO

Dolors Alberola

Editorial Dalya, San Fernando (Cádiz), 2017

 

 

Precedido de dos dedicatorias y dos citas, Tatoo, nuevo poemario de Dolors Alberola (Sueca –Valencia-, 1952), aparece, como en el libro anterior que comentamos en esta sección Mujer en pepitoria con huevo duro, tal un muestrario de elementos concernientes al tatuaje, pero lejos de su significación real; es decir, en sentido más o menos traslaticio: “Se han de limpiar a fondo todas las impurezas, / los recuerdos dolientes, los nombres que no fueron / sino tristeza o sombra. Y hemos de abrillantar / el interior profundo del yo mismo, / con un cepillo grueso que asegure / la higiene más perfecta. / Siempre cepillo en mano, sin pereza, con ritmo, / mientras sueña y deliras una canción de amor / bajo el sonido agreste de unos besos callados”. Este poema titulado “Cepillo para el tubo” nos da una idea de la capacidad que tiene la poeta Dolors Alberola para metaforizar determinados comportamientos sociales ante el amor -pienso yo.

Compuesto el libro en varias partes, todas ellas van desglosando unas series de instrucciones para la labor del tatuaje; ahora bien, no todas ellas se quedan en la labor práctica que incide en lo superficial sino que la autora ahonda en los subterráneos del sentimiento para que el sentido lineal del libro coincida con una experiencia humana de totalidad: "Quizás si no existiera la palabra jamás / brotaría en mi piel el deseo de siempre. / En qué lugar creíste / dibujarme tu rostro sin agujas. / La vida es como un láser generando pulsos que nos destruyen a su antojo”. (Poema: “Una aseveración”.)

Nos parece maravillosa la potencia metafórica de la autora levantina y su lectura es siempre recomendada por esa habilidad de la trasposición que hace de lo real a lo poético como en el poema “Punta”: “No somos de metal pero llevamos puntas donde entrar las agujas. Justo en ese lugar donde acaban los sueños está lo que parece nuestro y solamente sirve para hacernos felices, si logramos armar con el dolor hermosos castillos, fuegos fatuos, arcoíris, altivos animales, recuerdos si hacemos de la púa un buen aprendizaje; si no nos infectamos las heridas y el color no nos ciega de repente”.

Y es que la autora hace un paralelismo entre los instrumentos del tatuaje y una densa vida interior que se expresa por medio de elementos y situaciones análogas por medio del tropo que hemos mencionado y que ella maneja con gran acierto.

Buena edición de la Editorial Dalya tanto por el contenido como por la presencia física del libro.

 

 

PÁGINA PERDIDA

Francisco Mena Cantero

ÁNGARO, Colección de Poesía, 2017

 

He seguido la trayectoria del poeta manchego Francisco Mena (Ciudad Real, 1934), afincado en Sevilla desde los primeros años 70, así como su relación con Ángaro, la sevillana colección de títulos poéticos iniciada en 1969.

Desde Aún no ha llegado ayer (1972) hasta esta entrega que ahora comento, una veintena de libros de poesía jalona su legado literario, aparte de sus colaboraciones en revistas poéticas, por ejemplo, recuerdo ahora la revista sevillana CAL (1974-1979), dirigida por el poeta Joaquín Márquez.

La poesía de Francisco Mena se ha caracterizado siempre por su ahondamiento en las vivencias esenciales del hombre. Esta preocupación humanista canalizada por las acequias de las formas clásicas mitigadas, independientemente del soneto, ha definido su andadura por el mundo de las musas.

Este libro que nos ocupa ahora, Página perdida, es un poemario en que se combinan la forma cerrada y rigurosa del soneto con las formas abiertas de los poemas, podríamos decir, silvas blancas de endecasílabos y heptasílabos. Está compuesto de dos partes con un total de veintinueve poemas.

Hemos dicho arriba que Francisco Mena es poeta de esencialidades. La anécdota es para él un medio no un fin; un medio para ahondar en el tema que lo lleva a cargar su verso más de matices reflexivos -sin olvidar el lirismo fluyente de poeta auténtico- que de colorismos descriptivos.

Veamos un ejemplo del poema “Bajo un árbol”, sencillo y breve pero que corrobora los comentarios de esta reseña:

“No es tomar posesión del tiempo/sentarse bajo un árbol / y auscultar el rumor de la flor o / el latido del día desandando sentidos :/ Es comprobar que continúas / mantenimiento la vida a nuestro lado, / esculpiendo el paso de las horas / y esta vida del pájaro y la flor, / como si no acabara nunca / la creación del mundo”.

La poesía del poeta manchego sigue la misma línea que iniciara, fiel siempre a su estilo sin abarrocamientos sino con el anhelo y el placer de la palabra precisa para las ideas más sinceras siempre mirando desde la cofa de su experiencia humana un horizonte donde la fe da unas señales de esperanza, porque es necesario decirlo, Francisco Mena es un poeta que nunca deja de mirar a lo trascendente debajo de un árbol, oyendo una campana en el anochecer, cantando la creación, sintiendo la herida de un paisaje, oyendo la voz del viento, en un día de tormenta, viendo los giros de una mariposa, buscando a Dios en una noche oscura recordando con ello la de Juan de Yepes, y es que en la cita de Raimundo Sabunde que precede al libro hayamos la clave de su contenido: la naturaleza franciscana para hallar a Dios como una escritura amable y a la vez orientadora del sentido de la vida, porque es lectura que nunca será una página perdida, aunque los tiempos actuales se esfuercen en emborronarla con la estridencia de la vida publicitaria que hoy nos soborna y nos embriaga a espaldas de la contemplación, para la que este libro de poemas podría ser una guía lírica recomendada.

 

ANTOLOGÍA DE IMPOSIBLES

Sergio Artero

Editorial Dalya, 2015

 

 

Recordemos que la generación llamada de los Novísimos (años 1968 ó 1970) abrió varias brechas en el muro de la poesía que había consolidado el realismo crítico de los años cincuenta-sesenta. La poesía no sería ya “un arma cargada de futuro”, como escribió Gabriel Celaya sino una múltiple actividad de la imaginación sobrevolando una realidad peligrosa sobre la que se ciernen amenazas de todo tipo. Una de esas brechas es la culturalista, la de hacer de la cultura algo más vivo y sugerente que el marchamo académico para la frialdad de las bibliotecas.

El libro que nos ocupa ahora, Antología de imposibles, no es precisamente culturalista si por esto se entiende rememorar una época, un autor o un libro para prestarles voz y traerlos a la actualidad por obra y gracia del lenguaje poético. Lo que sí podemos anticipar es que es un poemario inclasificable por los elementos que lo constituyen: poemas, recuadros en los que se evoca a un autor -en este caso al filósofo inglés empirista del siglo XVIII David Hume-, así como grabados. Y no por ello el libro está fuera de los márgenes de la lírica, que es donde debe estar todo libro de poesía, se supone; los textos que aparecen aquí son disímiles y lo mismo nos encontramos con la “Antología ilegible de Li Quingzhao” que con un poema elegíaco titulado “Inscripción para E..B. y familia”, en el que el sentimiento sorprende por su hondura, lejos de otros poemas en los que el autor divaga por diversas parte del mundo:

“Tu niño ha muerto y no tengo consuelo para ti.

Ni una palabra atraviesa los tendones de tu furia,

ni el silencio estrepitoso de tus venas y latidos,

ni siquiera la epidermis de tu estambre, escamas

y cortezas.

Tu niño ha muerto y no me sirven los cálices boecianos,

los mantras parroquiales o la rimas de un Nobel:

no tienes consuelo sin sus ojos, sin su sangre,

sin sus manos;

y solo sabes que, porque duele, existes; porque existió, te duele…”.

Se expone el fragmento de un poema que tiene una gran fuerza lírica en medio de otros poemas con sabor, yo diría, que casi cosmopolita por la diversidad de sus escenarios, con el recuadro, además, de la persistencia del filósofo inglés del siglo XVIII David Hume…Y me pregunto: ¿La inclusión del pensador empirista es una preferencia del autor o bien una manera de hacer tabula rasa de la racionalidad como embalaje literario de la poesía al uso tradicional?

Considero interesante este libro variado en su manera de concebir el poemario, fuera de toda linde convencional, casi cajón de sastre de sus propias ideas, y como dice su prologuista Rafael Saravia: “Este libro es capaz de hacer zapping y no dejar de ser flor de cerezo. Sabe congregar en el mejor de los bailes los deseos que Shakespeare hubiese borrado de Google y hace de su lectura un lugar para la imaginación donde la verdad no deja jamás de estar presente”.

Como los libros anteriores comentados, Editorial Dalya logra con Antología de imposibles otro éxito con su entrega al público por la presencia editorial del libro.

HACIA EL SILENCIO

Edward Lucie-Smith

Editorial Dalya, 2016

 

He aquí un libro de poemas en edición bilingüe al cuidado de Pedro S. Sanz, que ha llevado a cabo también la introducción, la selección y la traducción.

Una entrada preliminar nos habla del autor, comisario de exposiciones de arte que ha conjugado la poesía con la novela, las ediciones, la historia y la fotografía. Esta entrada va seguida de “Un apunte sobre mi poesía”, del mismo autor. A continuación sigue lo que es el texto poético.

Extraídos de varios libros del autor, cuyos títulos constan al final de esta obra, Pedro S. Sanz va exponiendo página a página el texto original y la traducción respectiva, trabajo que no dudo ha de ser una delicia para estudiantes de lengua inglesa.

Los poemas se van sucediendo sin que exista una unidad temática, que en los libros de poesía no es imprescindible; aun así, podemos observar que hay un hilo conductor en la sucesión de poemas, y es una visión dolorosa de la vida o, mejor dicho, nada grata: La orfandad en el poema de “La lección”, “Pesadilla en Atenas”, “Pelícanos”, “Una piedra", "Una bestia enjaulada”, ni siquiera la “Nevada navideña” está libre del llanto, pero nos encontramos después con un poema que sí tiene un matiz optimista, se trata del que lleva como título una evocación de Ulises, también un resquicio para el amor en el poema “Caricias”, que se prolonga en la serie de “Amantes”.

Un poema de especial relevancia es el titulado “La unión”, dedicado a la palabra:

Únete a mí, palabra,

sin vestimenta, desnuda,

flexible y musculosa;

trátame como a una novia

embelesada, o como

un marido de vuelta

al hogar, presto

a llevarte a la cama

después de un largo viaje.

Sea nuestra relación

tan íntima

que no podamos separarnos.

Cuando hayamos terminado

de hacer el amor,

construyamos una casa

donde podamos vivir

como marido y mujer,

como mujer y marido.

 

Sigue al final de los poemas una entrevista del traductor al autor en la que el poeta dice que los mitos se han desvanecido y queda nada más que una poesía que se desnuda a los ojos del lector, también hay palabras que enaltecen la lengua española, así como su arte y su literatura.

Poemario que conlleva los elementos que no deben faltar en la poesía: la crueldad de la vida y el velo de amor que la cubre para seguir ilusionándonos.

En cuanto a su lenguaje, como dice Pedro S. Sanz, es sencillo y directo, y como escribe este mismo traductor, en un lúcido análisis, la poesía de Edward Lucie Smith “cuestiona la levedad de la experiencia amorosa, la fugacidad de la vida y la duda de la utilidad de la palabra para trascender nuestra condición de víctimas del tiempo y el corazón”.

Libro de lectura fluida y, como dije antes, de gran utilidad para estudiantes de lenguaje inglesa —y para curiosos—, además de atraernos por su atractiva presencia editorial.

 

CANÍCULA

Onofre Rojano

Editorial Dalya, 2016

 

 

Con prólogo de Ángel Martínez y dos citas de Claudio Rodríguez y de Gabriel García Márquez respectivamente, y solapas en las que consta la trayectoria del poeta con múltiples premios y libros editados, el poemario de Onofre Rojano se nos ofrece como una entrega de su musa asomada, como en otros poemarios (por ejemplo, aún recuerdo uno de sus primeros como el Del verde al hombre, 1979, Barro), al paisaje traspasado de humanidad, quiero decir de la presencia humana como testimonio de los seres vivos entrelazados en una misma naturaleza, a pesar de que el poeta proclama su soledad, su provisional retirada a su propia intimidad: "Estoy solo, callado conmigo mismo / —hacia dentro de mí— ,/ como ese búho hermético / que el aire no interrumpe, / no perturba su mirada silente / de aguja impenetrable”.

Hemos hablado de su antigua relación con la naturaleza, pero ello no exime de que haya un interior lirismo que se anuncia: "Camina la tormenta por escondidos cielos”.

Así, pues, entre un palpitar de lo íntimo y una invitación del entorno, incluso del entorno cotidiano como las moscas, el poeta va transitando los años como un peregrino de su propia experiencia: “Hoy tendré que reinventarme las luces / del pasado, que por doquier invoco…”.

El paisaje, encendido por el astro rey, que tiene sin duda una referencia de su hábitat autóctono, si se piensa en la patria chica sevillana del poeta en verano, está presente en todo el poemario; eso sí, como en lucha con unas connotaciones personales, por ejemplo, en el poema triste dedicado a la memoria de Arantxa. Aparece también el mar pero sin gran protagonismo; este protagonismo lo tiene el calor poderoso: "Este calor que llega / por el aire asfixiante…”.

Este calor imprime un ritmo lento en el libro, como en palabras de su prologuista: "Canícula está impregnado por una atmósfera de lentitud, de versos que parecen escritos muy despacio, buscando en cada palabra algún estímulo o destello del sol estival, la asfixia del lenguaje, el ensimismamiento en un largo sueño donde el abandono a la laxitud podría entenderse más como un recurso de supervivencia que como un estilo literario”.

Pero también podríamos entender Canícula como un verano de lo que pasó y que se arrastra como un fardo de experiencias: “…estoy tan impregnado de tan íntimas muertes / —cadáveres de ausencias y múltiples olvidos— / que soy un cementerio / sin memoria de mí”.

Por ello, el título, entre el verano real y el verano vital, es una exposición de paisajes y sugerencias. Poemario poblado de imágenes debajo de las cuales fluye un lirismo con versos libres, endecasílabos, heptasílabos, alejandrinos…, que se leen gustosamente.

Hemos de destacar la edición cuidada de Editorial Dalya, como ya dijimos en la reseña del libro de Dolors Alberola, esmero que hace a ambos libros más atractivos a la mirada del curioso que se pasea por las superficies bibliográficas en los escaparates de las librerías.

MUJER EN PEPITORIA CON HUEVO DURO

 Dolors Alberola

Editorial Dalya, 2016

Con prólogo de Javier Ruibal y un Apunte sobre formulación de la receta, se van dando a conocer los diez ingredientes, además de la Elaboración de la receta y una brevísima noción de Dietas que compendian un menú que su prologuista anuncia como “un tratado de pautas amorosas, en forma de recetas culinarias, cuyo principal objetivo es reeducar la glotonería masculina y enseñar al hombre a degustar y paladear los sabores con que la mujer se adereza para entregarse”.

Podríamos decir que la autora se sirve de metáforas acerca de utensilios y temas domésticos para expresar unos contenidos amorosos, que quedan más aliviados de una presión erótica que de otra manera no pasarían de poemas amorosos al uso (eso sí: en este caso, dado la calidad de la autora, muy conseguidos; se ha de resaltar, pues, el ingenio de que se sirve para conseguir retener la atención del lector). De ahí que estos preliminares con los ingredientes sazonadores de la pasión, ayuden al lector a captar su curiosidad y pasearla, por ejemplo, como en el poema “Estampa culinaria”: ”Y la mujer cocina y se va cocinándose. / Se coloca en el pelo / unas hojitas secas de laurel / y en el vientre pimienta y se adereza / con un poco de sal y gime y grita / y arranca de su pecho las palabras / y pela con sazón los adjetivos / y aumenta su dolor al comprender / que la vida la tiene, ahí, en su olla / y el agua de la rabia la deprime / y resuelve tapar —como ahora mismo hace / con el ave, que casi está dispuesta / a meter en la lumbre— / la antigua cacerola de sus sueños / y deja sin acceso a todo aquel / que aparezca, en sus horas , / blandiendo, contra ella, su cuchara”.

Me parece este poema un buen espécimen de este tratado de amor pasado por la simbología —si se puede llamar así— de la cocina como coadyuvante del apetito con ardides de tropos que nada tienen que ver con el Kamasutra ni siquiera con el Remedia Amoris de Ovidio, sino que prepara el ánimo para “la entrega absoluta de los lances del amor, sin demora ni recelo, plena de emoción, dándose al vértigo amoroso sin miedos ni ambages”, como escribe el prologuista, cuya precisa y clara presentación hace a este libro de poemas inteligible y amable, distinto de otros que he leído de Dolors Alberola cuyo interés por el lenguaje poético es bien notable llegando a emocionar al lector en muchas ocasiones por sus logros.

Parémonos, antes de entrar en el libro, ante la atractiva edición que ha hecho la editorial Dalya de Mujer en pepitoria con huevo duro, de Dolors Alberola, poeta tan reconocida como brillante es su andadura poética de la que las solapas del libro nos dan fidedigna cuenta.

 

MIS VIVENCIAS EN EL SAHARA

Antonio Brea

Editorial Ledoria, 2016

 

Esta nueva edición de Antonio Brea correspondiente a sus experiencias durante el servicio militar en África, comprende unas dedicatorias, un prólogo por el autor de esta reseña y una introducción del autor.

 

En la reseña anterior decíamos con respecto a la obra Mi Paso por el Sahara: “Los jóvenes que hoy se enrolan en las fuerzas armadas no tienen idea de cómo han pasado la experiencia del servicio militar en determinados destinos quienes antes iban forzosamente. Digo determinados destinos porque algunos eran relativamente fáciles de cumplir, mientras que otros revestían dificultades, incluso riesgos”.

En este libro hay unas pautas que son puntos cardinales para entender su contenido. Hemos de empezar este periodo de la vida del autor desde la fecha del reclutamiento, con el añadido de la muerte del padre -a quien despide en la estación y no volverá a ver, como no sea de cuerpo presente- y la de un hermano suyo quinceañero unos años antes, pasando por la marcha hacia el Sahara, hasta Smara en concreto, con el buen recuerdo del Teniente Torres; después la llegada a Hausa, donde Antonio Brea tuvo una variopinta experiencia con sus compañeros entre compartir el rigor del régimen militar en aquella zona, el calor insoportable, las deficiencias en las instalaciones y en la alimentación, hasta la convivencia normal con esos compañeros, alguna que otra copa circunstancial, misa y coro incluidos, luego el capítulo del regreso, en que se cambió el panorama del desierto por el del océano, con la angustia de no encontrar salvavidas, según la orden del Capitán -por si acaso- debido a la proximidad de un barco no identificado.

Hemos de tener en cuenta las siguientes palabras del autor en su Introducción: ”Tengo que decir, no obstante, que mi autoestima se crece las veces, que no son pocas, que a mi menoría vienen aquellos momentos, y siento dentro de mí una gran satisfacción de haber cumplido en esa etapa de la dictadura militar en la que en aquellos años de miseria y hambre vivía…”.

Esta nueva edición cuenta con matices incorporados que le dan a lo narrado un sentido de más madurez en la trasmisión de cara al lector interesado en estos temas por los que han pasado tantos hombres en nuestros país que hoy cuentan con un poco más del medio siglo de vida. Hemos de aludir al capítulo III en que se incluye una historia de amor cuando el autor-protagonista estuvo en un destacamento de Smara. También se describe aquí las nada agradables condiciones de vida de los soldados, En cuanto al episodio amoroso dice el autor: “La imagen de Zaina estuvo conmigo mucho tiempo, a veces la recordaba con tristeza y otras con alegría de haber conocido el amor en un lugar llamado Smara”.

Hemos de citar unas palabras del autor en su introducción como si fueran definitivas de su estancia en el Sahara: ”La labor que hicimos mis compañeros y yo no se podría pagar con todo el oro de este mundo, pero, como he comentado, todo quedó en el más eterno de los olvidos.

“Sin embargo, cumplimos una misión muy importante en la historia de España, tal como antes he mencionado, durante el servicio militar, que, como ya he dicho, era obligatorio”.

Parece que estas palabras son piedra de toque de una reivindicación de experiencias poco comunes dentro del concepto de servicio militar. El autor queda satisfecho con estos dos libros en los queda estampada una época de su vida que ha pasado en el tiempo, pero no en la memoria de los hombres cuando lean estos dos libros de Antonio Brea: Mi paso por el Sahara y Mis vivencias en el Sahara.

Se ha de añadir que el formato del libro, publicado por Editorial Ledoria, le da un atractivo formato.

 

TERRA SUM

Manuel Saborido

Editorial Dalya, 2016

 

Al margen de una poesía anecdótica, entre el recuerdo nostálgico o los deseos imposibles, o bien de unas divagaciones de poesía urbana, el poemario de Terra sum, como este título sugiere, surge de las raíces humanas del poeta, pero de una humanidad imposible de certificar como una investigación científica y, sin embargo, intuida como una revelación de lo telúrico, con lo que recuerda aquel título de Vicente Aleixandre Pasión de la tierra. El autor empieza por su génesis envuelta en lo inexplicable: “Sobre el origen siempre duerme el misterio fiel / que secunda y alienta la razón, / para volverla hambrienta en su incapacidad / y alimentarla eternamente”.

Estos versos podrían servir de señal al lector para comprender esta especie de épica del individuo antes de ser un ciudadano con número de identidad y ser aún una expresión biológicamente anónima de la naturaleza no sólo en el vientre materno sino. simultáneamente a este proceso, en la matriz de lo específicamente humano; “Y tú fuiste creciendo,/ irguiéndote muy firme, /como una estalagmita helada,/ levantando los brazos hacia el sol…/” El poeta va más allá de la filiación personal como ser humano y se considera unido a la manifestación de la vida como caldo de cultivo de su futura humanidad ya con nombre propio desde la voz alentadora de la madre.

Ahora bien, las secuencias poéticas del libro son una continua evocación de la materia con latido de hombre como si, después de su venida al mundo, un instinto poderoso le llevara a buscar el principio vital como una fuente a la que nadie debería olvidar como ser salido de un magma maravilloso y a la vez enigmático, como el canto al aire, recordando con ello uno de los cuatro elementos que el filósofo Empédocles consideraba básicos de la vida.

Del aire pasa al fuego con la audacia de Prometeo: ”Esa llama que tú robaste, Prometeo”.

Pero no podemos considerar el poemario como una lucha de esos elementos en el vientre de la tierra-madre hasta configurar un ser orgánico impasible a la historia cotidiana: "Cómo puede la tierra desangrarse / por la boca del hombre”. Así que como rey de la evolución, el hombre-poeta comulga con la historia como presto a iniciar la suya, a pesar de un cierto rasgo kafkiano, que no le impide llegar al amor: “Mujer y barro, río que no cesa, / génesis adorable de lo único cierto, / en tu espacio descansa todo lo acontecido / y en tu deseo sueña mi futuro…”.

Libro unitario y denso en su tema y expresado con palpitantes versos blancos entre alejandrinos y endecasílabos en su mayoría. Como dice en palabras lúcidas su prologuista Josela Maturana, “Terra sum” se convierte en un libro en el que la poesía ejerce una tentativa de infinito…”, lejos, pues, de la poesía de la experiencia de los postnovísimos, ya que nace el poeta en 1961, aparece en su obra con un potencial lírico muy considerable tanto en imágenes como en intuiciones que “supone el conocimiento de una génesis y un destino”, siguiendo a la prologuista.

Dotado de un fuerte vitalismo, Manuel Saborido nos entrega una especie de íntima epopeya desde el barro primigenio a la historia que ya está configurada por el amor: “En tus dedos la flauta se transformó en mil versos / cuando tus pasos fueron agua de margarita. / Siempre fueron tus huellas, agua blanca, / alimento de sal para tu voz, / vestida de jazmín”.

Concluyamos esta breve reseña afirmando que este poemario es un acierto de publicación por la editorial Dalya, que a su vez se esmera en la edición, para goce de los que leemos poesía, y ésta, en concreto, nacida de una necesidad de autoconocimiento, desde el germen biológico de la vida hasta la conciencia histórica, por medio de la palabra.



LA MOCHILA

 

Cat Maday

 

Premio Dalya para obras de Teatro Juvenil

 

Editorial DALYA, San Fernando (Cádiz), 2017

 

 

No es habitual reseñar en esta sección una obra teatral. La única que se ha reseñado aquí fue la obra de Manuel Pérez Casaux En Castilla mandamos nosotros, Premio Buero Vallejo 1985. Ahora tenemos ante nuestros ojos otra obra también premiada: La mochila, de Cat Maday (MariPino García Cabrera, natural de Gran Canaria es escritora, compositora y profesora de música), obra en dos actos. Pero hemos de subrayar bien que La mochila es el primer PREMIO INTERNACIONAL PARA OBRA DE TEATRO JUVENIL, convocado por al Editorial DALYA. Su dotación para la obra ganadora es de 3000 euros y representación pública.

 

El premio se concede a obras dirigidas al público juvenil. La obra se ha representado en Canarias (Centro Cultural de Santa Brígida, en Gran Canaria) este Viernes 7 de julio a las 20.00 horas por la compañía D’hoy Teatro, con una adaptación y puesta en escena realizada por Tito Alemán y con la participación de los actores Iván Álamo, Yesenia Quintana, Dara Jorge y Ragüel Santa Ana.

 

En esta obra se cumple el propósito de la Editorial de cómo se realiza una visión positiva sobre la amistad de los jóvenes a lo largo de sus relaciones cotidianas. En una época de individualismo como la nuestra en la que los valores primordiales se centran en el éxito y el dinero, hemos de felicitarnos porque hay una entidad literaria que se preocupa de que la relación de los jóvenes tenga unos cauces humanos en los que se analiza con juicios racionalmente equilibrados una posición moral ante el dinero, unas reflexiones sobre la forma de vida que les proponen los adultos, así como por la riqueza de resortes emocionales y de un humanismo que fundamenta un nuevo estilo de pensar y  actuar frente a las dificultades que plantea la vida moderna.

 

En cuanto al cuerpo de la obra, hemos de tener en cuenta el anuncio de los cuatro intervinientes: Alex, Laura, Hugo y Vanessa, así como las tres voces en off  (persona mayor, persona adulta y locutor).

También, mediante unas notas, se anuncian unas variantes en las que se motivan a los participantes a introducir unas modificaciones en orden al espíritu de la creatividad sobre el tema dado, se invita a que el público participe, así como una adaptación de medios audiovisuales. En suma, un teatro muy alejado del  teatro convencional a que hemos estado acostumbrados.

 

A través de su contenido la autora  crea situaciones entre los jóvenes con una sutil estrategia para canalizar comportamientos muy propios de la juventud pero incardinados en unos valores humanos que si no se aprenden en esos años de adolescencia, difícilmente permanecen en la madurez.

 

Así pues, el espíritu de la camaradería está presente en toda la obra y dentro de esa actitud los cuatro jóvenes, alumnos del último curso de bachillerato, se ven en unas circunstancias que ponen a prueba la amistad entre los dos sexos (Laura y Alex, con la consideración de ella hacia la orfandad de él) y, sobre todo, el hallazgo de la mochila con dinero (que resulta ser falso), donde el sentimiento de la honradez surge, a pesar de las oscilaciones que la autora de la obra mantiene a modo de “suspense” en la vacilación de los jóvenes, que eluden las posibilidades ofertadas potenciales por ese dinero y se desarrolla con un pulso admirable, en concreto cuando Vanessa razona cómo la posesión del dinero les daría una sensación decisiva con el paso de adolescentes a adultos. También hemos de destacar cómo Laura hace ponderaciones  de cierta madurez cuando Hugo le dice que Alex la quiere, más allá de la amistad. Podemos rastrear una ética bien configurada en las actitudes de los jóvenes en un ir haciéndose poco a poco gracias al pulso de la autora de la obra.

 

Se puede decir que La mochila fomenta la responsabilidad como situación dramática y la amistad en un ambiente de circunstancias comunes de encuentro y relación entre los jóvenes.

 
Es un acierto esta convocatoria teatral, así como la publicación de dicha obra que ha de tener resonancia en el público abierto a novedades en la representación, ya que también son dignos de valoración sus recursos novedosos de implicación de los espectadores.

La editorial Dalya abre una vía literaria, además de las ya abiertas y conocidas por el público, con esta obra de teatro, premiada y representada, en una edición impresa satisfactoria como es habitual por parte de esta editorial ubicada en el sur de España, concretamente en San Fernando (Cádiz).


Final del formulariHOY ES TODO LO QUE TENGO

 José Manuel Alfaro Basilio

Uno Editorial (2014)

En 2012 hacíamos en esta misma columna una reseña a La jubilación del delantal del mismo autor, José Manuel Alfaro. En esa obra comentábamos la intención del autor de rehumanizar la visión de los papeles del hombre y la mujer como pareja.

En esta otra la orientación del poeta es distinta. La intención aquí es la de navegar por dentro de sus mares de recuerdos voluntarios o no; es decir, analizar y dominar el timón de los pensamientos. Ya dijo un autor que todo lo que se escribe viene de nosotros mismos como una necesidad de autoconocernos, de autoserenarnos con la comprensión de todo aquello que un día invadió nuestro territorio mental y desordenó el mobiliario de nuestros principios, amenazando nuestra capacidad de concentración.  Somos animales que tienen memoria de sí mismos para bien y para mal.

Los recuerdos que nos invaden y no pueden ser evacuados al olvido son de dos clases: Los que nos impuso la vida, a pesar de nuestras buenas intenciones, y los que son productos de nuestra mala conciencia, o sea, una fe de erratas de nuestras actuaciones erróneas. Posiblemente éstos sean los más difíciles de tratar, se han apostado en las esquinas oscuras de nuestra conciencia y nos sacan el cuchillo en momentos insospechados, basta con un estímulo involuntario o bien una asociación desafortunada.

Los pensadores, sobre todo los orientales, nos enseñas a darle calma a nuestra mente. Ahí tenemos a dos grandes filósofos: Lao-tsé y Confucio. Leyéndoles, llegamos a aprender que la sabiduría no nos llega como caída del cielo, sino que es una destilación de la experiencia. El autor de este libro es consciente de que las vivencias cotidianas, incluso son las más simples y desapercibidas, forman parte de una tropa de imágenes y palabras que siempre merodea nuestra paz. Es cierto que hay recuerdos buenos, tal vez los menos frecuentes, que también nos sirven de compensación. En esta obra el autor nos ayuda a trazarnos un sendero para que, tomando conciencia de la realidad de nuestro estado psicológico, dejemos de ser víctimas de nosotros mismos y nos economicemos mejor para que el rendimiento de nuestra mente sea más agradable y positivo, aprovechando mejor el presente más que infestándolo de pasado irremediable.

Este libro, que está en al línea de un género de ensayo sin ambiciones filosóficas, tiene mucha aceptación en los Estados Unidos y, generalmente, en los países nórdicos, aunque en este caso la atmósfera pensadora del libro se colorea con la poesía japonesa del aquí y ahora.

He aquí unas propuestas del autor que pueden ser útiles.

“¿Y tú, querido lector?

Este libro pretende enseñarte a existir de otra forma cada día, ayudándote a:

- Descubrir hasta que punto andas “adormilado” por la vida.

- Concienciarte de la importancia de saber mantener la atención.

- Tener el conocimiento de que aprender a dominar la mente es el primer paso para disfrutar de un cuerpo saludable.

- Entender que las emociones son producto de la calidad de nuestros pensamientos.

- Sentirte agradecido por cada mañana que ves amanecer”.